jueves, 21 de febrero de 2013


"-Puedes, por favor, ¿dejar de mirarte los pies? -preguntó Marcos, sacándome de mi ensoñación. 
Levanté la vista hacia él y sonreí totalmente divertida con su expresión de irritación. Cuando se exasperaba conmigo hacía un gesto con la nariz que yo adoraba totalmente. 
-Y para de reírte. Ahora, tal como estás, inclina un poco la cabeza -me pidió ocultando su rostro, tan parecido al mío debido a nuestro parentesco, detrás de una camara fotográfica de las mas buenas que habia visto nunca. 
Hice lo que me pidió y no dejé de sonreír a pesar de notar una suave tirantez en mis mejillas. 
-¿Has terminado? -pregunté irritada cuando apartó la cámara. 
-Si -revisó las fotos sin mediar palabra totalmente abstraído. 
Bufé mirando a nuestro alrededor, todo era tan gris que me deprimía el espíritu soñador y vividor del que siempre he alardeado.
La verdad es que a diferencia de otras sesiones que habíamos hecho con anterioridad, esta estaba siendo bastante aburrida y me preguntaba el porqué, mi hermano mayor Marcos no acostumbraba a estar tan callado y pensativo. 
-¿Quieres contarme algo? -pregunté sin una pizca de duda en mi voz, pues no me incomodaba para nada tal cuestión. A pesar de la diferencia de edad de tres años y basada en peleas que toda chica de diecisiete años tiene con su hermano mayor, yo con el mío no podía estar mas a gusto. Él era el pilar mas importante que tenía, y con diferencia. 
Y los secretos con nosotros no existían, aunque si una pequeña claúsula de "aun no estoy preparado para decir esto en voz alta" que úsabamos siempre que no nos veíamos lo suficiente listos como para contarlo. No sé porqué, antes de que él abriera la boca, sentí que esta iba a ser una de esas veces. 
-Me voy de la ciudad -declaró entonces con una sonrisa medio avergonzada medio incómoda. 
Por supuesto, eso lo cambió todo. "

No hay comentarios:

Publicar un comentario